Cómo Meditar

Adoptar la postura y realizar la práctica que ahora te indico supuso para mí todo un descubrimiento personal.

Nadie se despierta por la mañana con la intención de ser infeliz

El ser humano tiene la imperiosa necesidad de realizar una búsqueda de la felicidad interior a través del exterior.

No se da cuenta que verdaderamente es en el interior donde están todas las respuestas.

Tarde o temprano te surgieron preguntas, curiosidades y cuestiones de las que hiciste un análisis o un barrido de ideas sin darte cuenta de que no hay nada exterior que nos explique algo sobre nosotros mismos.

Todo lo tenemos en el interior y esto lo descubrimos meditando.

Voy a intentar describirte de una forma sencilla la realización de la meditación.

Cómo meditar

La meditación es descubrirte a ti mismo. Observarte por medio de tu mente y ver quien eres realmente.

image source: Meditasi Jalan en Google+

Pasar por esta vida sin descubrir nuestra mente, es como haber tenido un libro en las manos y haber leído solo su portada.

La meditación supone un ejercicio de toma de conciencia de uno mismo.

Sentarte a meditar puede ser posteriormente un acto de reflexión, pero inicialmente es ante todo una observación.

Si nunca antes has practicado la meditación, te pido que todo esto lo leas tranquilo y lo acojas con calma. Lo he visto muchas veces en otras personas: empiezan con un extra de motivación e ilusión y abandonan la practica diaria.

La práctica continua y diaria es el pilar más básico.

Pasaré a describirte inicialmente la postura y tan solo deberás hacer esto: Permanecer en silencio y conseguir serenidad en tu interior para proporcionarte esa visión de ti antes tan desconocida.

Mi único objetivo será darte a conocer la meditación convencido que este paso puede servirte de gran ayuda en tu desarrollo personal.

Prepárate porque vas a hacer una cosa que nunca hiciste antes en tu vida: Observar tu mente sin participar en ella.

La postura

Esta postura es una postura concreta.

La postura de meditación es llamada Zazen donde lo más importante de ella es mantener recta la espalda mientras seamos conscientes de nuestra respiración.

Solo en esa postura rígida y en silencio y con la sensación de estar como clavado a la tierra, se forma un todo en tu cuerpo donde ya solo te quedará observar tu mente.

No es una postura difícil. Día a día nuestro cuerpo se acostumbrará a ella paulatinamente.

Sentados sobre un cojín o un pequeño banco de madera, con las piernas cruzadas en posición de loto o medio loto permaneceremos en silencio e inmóviles. Si tenemos problemas para adoptar esta postura nos podremos sentar en una silla.

Sentado con las piernas recogidas

como_meditar_postura

La postura en sí original es una postura básica para meditar: Sentado en la clásica posición de loto, pondremos primero el pie izquierdo sobre el muslo derecho y el pie derecho sobre el muslo izquierdo. Todo esto sentado sobre un cojín redondo llamado zafú para no bascular la espalda y poder mantener la columna vertebral bien recta.

Si tenemos problemas para adoptar esta postura, podemos meditar optando por una posición variable de las piernas teniéndolas sencillamente recogidas y aproximadas al cojín o zafú.

Podremos también sentarnos en un pequeño banco de madera que nos permita tener las piernas reclinadas por debajo de manera que, sentados en el suelo, podamos encontrar la tranquilidad con los ojos semicerrados y la espalda bien erguida.

La espalda recta

Si para tener las piernas recogidas nos podemos permitir alguna licencia, tener siempre la espalda erguida y las rodillas más bajas que la cadera es lo más importante de toda la postura.

La colocación de las piernas puede ser variable, pero con la espalda recta deberemos de estar siempre todo el tiempo que dure la meditación.

Si no tienes la espalda recta, no estarás meditando.

Una vez observada la espalda y manteniendo los ojos semicerrados, bajaremos los hombros y estiraremos el cuello hacia arriba levantando la cabeza por su parte más atrasada en la zona de la coronilla que nos obligue a inclinar levemente la cabeza hacia abajo.

Como si nos estuvieran tirando hacia arriba de esa zona de la cabeza de manera que nuestra mirada quede baja y a un metro por delante de nuestras rodillas.

Así y empujando las rodillas contra el suelo, tiraremos del cuello hacia arriba inclinando levemente la cabeza.

Con los hombros relajados y en línea recta nuestra cabeza, el mentón quedará ligeramente tapando el cuello y las orejas quedarás alineadas con los hombros.

Las manos

Meditando posición de las manos

Image source: www.zen-buddhism.net

Extenderemos la mano derecha delante nuestra y sobre su palma, colocaremos la mano izquierda.

Bajaremos ambas manos unidas hasta la altura del ombligo sin llegar a apoyarlas en las piernas, uniendo nuestros pulgares que se tocarán muy ligeramente.

Formaremos con los pulgares un solo dedo que mantendrá una línea recta de dedo a dedo. Despegando un poco los brazos de las axilas, formaremos de esta manera un arco con los brazos sin llegar a dejarlos descansar del todo sobre nuestras piernas.

Esta es la postura correcta para meditar.

Sobre esta postura

Meditando en grupo

Meditando en grupo. Image source: OYOGA SEVILLA

Esta postura la consideré necesaria con la continua meditación. Shunryu Suzuki en su libro Mente Zen, Mente de Principiante llama a la primera parte de su libro “La práctica correcta” y añade al texto que esta es la práctica y la postura.

La espalda tiende a doblarse, encorvarse y a perder su rigidez mediante la sesión de meditación. Los hombros tienden a encogerse y las manos a cambiar su estabilidad y postura. Vigila todo esto.

La postura significará en sí misma serenidad. Nuestra mente en algunos momentos se serenará si en las tareas diarias nos visionamos a nosotros mismos en esa postura y con las manos colocadas. Mentalmente ya solo nos quedará serenar la mente. La práctica en esta postura ayuda.

Esta postura requiere además una particularidad: Esfuerzo. Precisamente la rectitud y la tensión de la postura y su inflexibilidad mientras meditamos, harán que sea el camino correcto para introducir nuestra mente. Al principio solo a través de ella seremos capaces de llegar a la serenidad.

Una vez comencemos la sesión de meditación y durante sus primeros minutos, repasamos mentalmente la postura mientras comenzamos a ser conscientes de la respiración. Una inspiración abdominal libre y automática seguida de una espiración tranquila, larga y profunda.

Permanecer quieto en esa postura rígida y exacta lo primero que me permite es observar esa respiración suave como entrada a un estado de concentración y de calma que me va a permitir observar mi mente.

La mente

Con la boca cerrada y la lengua tocando el paladar, entraremos en el silencio. Solo gracias a conseguir la posición anterior, una posición física rígida que me aporta estabilidad y que me asegura de una forma fija, puedo conseguir serenidad en mi mente.

Solo con esta postura y sin desviarte, balancearse o doblegarte, serás capaz de dedicarte a observar la mente.

Es entonces en esa postura cuando la mente se libera. A partir de ese momento y conservando en todo momento la postura, comenzará una batería constante y continua de pensamientos. Absurdos, importantes, nuevos, antiguos y transcendentales.

Dejaremos entonces a los pensamientos pasar. La práctica diaria nos entrenará a la hora de pensar. Llegará un momento en que ni pensemos ni dejemos de pensar, en que los pensamientos pasen o caigan.

Sin hacer un esfuerzo interno para regular el flujo de pensamientos, los pensamientos ni los apruebo ni los rechazo.

Intentarás dejar la mente tranquila y atenta mientras a modo de destellos continuos te lleguen los pensamientos y pasen para irse delante de ti.

Dejar pasar los pensamientos y no aferrarse a ellos. Los pensamientos nos llevan a un mundo irreal. Un mundo que no existe.

Nos damos cuenta que la mente parece no depender exclusivamente de nosotros.

Nuestros pensamientos corren de un lado para otro en esos primeros minutos hasta llegar a bajar la intensidad y continuidad con la que los pensamientos llegan y aparecen en nuestra mente, uno tras otro.

El simple hecho de luchar contra el flujo de pensamientos nos hará pensar. Por ello debemos de dejar pasar los pensamientos por delante de nosotros.

Observarlos y dejarlos pasar.

La respiración

Respira por la nariz en una respiración abdominal o diafragmática (abombando ligeramente el abdomen en la inspiración).

Centra tu respiración los primeros minutos en la espiración haciéndola más larga de lo habitual.

Deja a los pensamientos venir y deja a los pensamientos marchar. Obsérvalos sin apegarte a ellos, sin pensar sobre ellos.

Ante la llegada de un pensamiento, ni lo apruebes ni lo rechaces. Mantén una atenta y tranquila observación del pensamiento y déjalo marchar.

Sigue respirando.

Si nunca antes lo hiciste, verás que se produce dentro de ti una lucha constante. Un ir y venir de ideas, una batería de pensamientos donde en su totalidad descubres que no valen para nada.

Si alguien en estos momentos te observase sentado y en esa posición, vería exteriormente a una persona tranquila y meditando en la tradicional posición de loto mientras en tu cabeza se forma un auténtico campo de batalla donde los pensamientos discurren y aparecen uno tras otro.

No intervengas en tus pensamientos ni luches con ellos ni contra ellos y tampoco formes parte de ninguna batalla.

En esta postura y con esta disposición mental estaremos el tiempo que dure la meditación.

Suelo meditar de unos treinta a unos cuarenta y cinco minutos. Meditar menos tiempo lo veo inútil y me hizo en algunos casos meditar de nuevo a lo largo del día.

Tan solo en configurar, repasar mentalmente la postura y comenzar a ser conscientes de la respiración, se tardan varios minutos hasta que comenzamos a visualizar los pensamientos y dejamos a la mente fluir, sin intención alguna. Sin buscar nada.

Espero sinceramente que esta práctica te sea de ayuda.

—Rafa García


 

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5 Comentarios Cómo Meditar

  1. ARamón

    Practicando la meditación zen se deja pasar todo tipo de pensamientos y emociones sin entrar a su valoración. Es dejar pasar la actividad mental sin pretender manipularla o llevarla hacia algún sitio.
    Práctica muy simple pero que requiere mucho entrenamiento.
    Yo lo he practicado y sientes una sensación de felicidad y elevación consiguiendo una relajación y felicidad interior que no se puede describir.
    Gracias por este blog. Lo seguiré atento.

    Responder
    1. Rafa García

      Buena definición sí.
      Entrenamiento puede ser simplemente sentarte todos los días, ¿No?.
      “Yo lo he practicado” …¿Hablas en pasado? 😉
      Gracias por tu comentario.

      Responder
  2. LUC

    Hola Rafa, respecto a la forma de meditar tengo la siguiente pregunta : ¿se puede meditar con tapones en los oídos? Aparte de reducir los pequeños ruidos del entorno, siento que puedo escuchar mejor mi respiración y en consecuencia, concentrarme mejor en ella.

    Responder
  3. Pingback: ¿Qué es el Zazen? | La postura en la meditación Zen | vivir meditando

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